Mis "nuevas" vacaciones después de la primera ola de pandemia

Si hubiera un adjetivo para estas vacaciones sería ‘especiales’. Todos los planes que tenía para este verano se esfumaron con la pandemia, así que he tenido, como la mayoría, un verano muy diferente al que había planeado. 

Este año, la economía local y, sobre todo, el sector turístico lo necesitaba. La premisa era clara: hoteles a menos de 100 kilómetros. Quería estar cerquita por aquello de no propagar el virus y a la vez disfrutar de las vacaciones con comodidad y seguridad.

Las medidas de seguridad que tomaron los hoteles jugaron un papel fundamental para hacer  que me sintiera como en casa:

5 imprescindibles en cualquier hotel post COVID-19

  • Arcos de temperatura y desinfección

Es una de las primeras medidas que percibí al entrar en varios hoteles y, sin duda, de las que más llamó mi atención. Como huésped, siempre te quedas más tranquila al saber que tanto tú como tus vecinos temporales debéis traspasar un arco que indica si la temperatura corporal es óptima y pulveriza líquido antibacterial.

  •  Un check in diferente

El check in es uno de los momentos más críticos al llegar al hotel. Aunque algunos hoteles se han provisto de medidas tecnológicas para efectuar la entrada de manera remota o telemática aquellos que cuentan con el valor humano disponen de mamparas de protección. También cuentan con un ‘carril’ para llegadas y otro para salidas. Algo que, aunque al principio era algo frío, ya es habitual verlo por todas partes. En mi caso, todos los hoteles contaban con mamparas en la recepción y la entrega de las llaves o las tarjetas para las cerraduras electrónicas se realizaba a través de una bandeja intermedia. Así pues, nunca hubo contacto interpersonal.  

  • Cerraduras electrónicas para no tocar nada

“No toques la puerta con las manos, empújala con el pie” se ha convertido en un mantra que nos vamos repitiendo continuamente en nuestra cabeza desde que la pandemia empezó. Encima yo, que estoy un poco obsesionada con las medidas de seguridad, esperaba tener el mínimo contacto posible con las manivelas y botoneras. Las cerraduras electrónicas con tarjeta para hoteles se han convertido en las reinas para evitar el contacto indeseado: acercas la tarjeta sin tocar, se desbloquea la cerradura, das un empujoncito con el pie y ya estás dentro. La mejor sorpresa fue cuando en uno de los hoteles en los que estuvimos nos dieron la opción de utilizar nuestro propio teléfono como llave. Se trata de un sistema de cerraduras de proximidad o bluetooth que permiten el desbloqueo de la puerta a través de una app. La verdad es que fue comodísimo no tener que estar pendiente de perder la llave o la tarjeta electrónica. Un clic en el móvil y estaba dentro.

  • Menos champú y más gel

Atrás quedaron esas pequeñas amenities de jabón, champú y el mítico gorrito de ducha. Mi mayor preocupación era que mi habitación estuviese inmaculada y protegida de cualquier agente externo por lo que agradecí encarecidamente tener una botellita de gel hidroalcohólico a mi disposición junto con las toallitas, también hidroalcohólicas, en lugar del típico champú que no suele encajar con mi tipo de pelo. Además, no solo había gel en las monodosis de la habitación, sino que también lo encontré a la entrada del hotel y en los pasillos. 

  • Adiós a los bufés

Parece mentira que esto sea real y probablemente sea una de las partes más tristes dentro de lo que se considera la experiencia en un hotel, pero ¿qué se puede decir de una época pandémica? Si algo me gusta de levantarme de vacaciones son los bufés de desayuno, pero se acabó eso de llenarse el plato con pilas de comida y hacer mil viajes del mostrador a la mesa. Los bufés han pasado a ser ‘a la carta’ y en cierto modo se agradece, ya que, no solo es más seguro que empujarse en la cola de las tostadas, sino que también ayuda a que seamos más conscientes de lo que pedimos y desperdiciemos menos cantidades de comida.

Lo que podemos confirmar es que las expectativas de los huéspedes están altas,  puesto que no estamos dispuestos a renunciar a la experiencia completa de alojarnos en un hotel y, además, esperamos sentirnos seguros. Es verdad que esta nueva normalidad no tiene nada de normal pero lo ideal es poder obtener el punto medio entre seguridad y comodidad.

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